Nulidad de la renuncia al trabajo

La renuncia al empleo es válida e irrevocable si es efectuada con discernimiento, intención y libertad por parte del trabajador que desea dejar de prestar servicios para su empleador (sea éste una persona física o jurídica).

La falta de discernimiento ocurre cuando el trabajador no comprende los alcances del acto celebrado; es decir, no comprende que, con lo que está haciendo, pone fin al contrato de trabajo. La falta de intención ocurre cuando no es el trabajador quien decide poner fin al contrato de trabajo, sino su empleadora; aún cuando ésta le ofrezca pagar una suma de dinero a cambio de ello. La falta de libertad ocurre cuando el trabajador se encuentra bajo presión de su empleador o de un tercero para interrumpir la relación laboral.

Entonces, podrá ser anulada la renuncia que se encuentre viciada de error, dolo, violencia, intimidación o simulación, o cuando la misma es realizada mediando la necesidad, ligereza o inexperiencia del trabajador, para obtener -su empleador- una ventaja patrimonial evidentemente desproporcionada y sin justificación.

La declaración de la nulidad de la renuncia tiene como consecuencia el reconocimiento de la existencia de un despido simulado (o encubierto), dando lugar al pago de las indemnizaciones legales y multas correspondientes.

Por ejemplo, la justicia ha invalidado la renuncia cuando se ha determinado que, a cambio de ella se le ha pagado al trabajador una suma en concepto de gratificación.

La invalidez de la renuncia no se presume; debe ser reclamada en juicio. La responsabilidad de probar la existencia del vicio, corre por cuenta del trabajador.

 

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