Indemnización por acusación calumniosa

Noción de Acusación Calumniosa

La acusación calmniosa es la falsa imputación a una persona de haber cometido un delito de acción pública, formulada mediante una denuncia ante la autoridad policial o judicial, teniendo  el denunciante plena conciencia de que esa persona no lo cometió.

Configuración de la acusación calumniosa

Doctrinaria y jurisprudencialmente se han establecido, en esencia, cuatro requisitos para la configuración de la “acusación calumniosa” a que refiere el art. 1090 del Código Civil: 1) imputación de un delito de acción pública; 2) acusación ante autoridad competente, mediante querella criminal o denuncia que origine un proceso penal; 3) falsedad del acto denunciado; 4) conocimiento de tal falsedad por parte del denunciante (conf. Llambías, “Tratado de Derecho Civil”, tº IV-A, ed. Perrot, nº 2390; Bustamante Alsina, “Teoría Gral. de la Responsabilidad Civil”, ed. Abeledo-Perrot, 3ª, nº 850 y stes.; Parellada, Carlos, “Responsabilidad emergente de la denuncia calumniosa o negligente”, JA, 1979-III-688; Vázquez Ferreira, Roberto, en “Código Civil Comentado…” de Bueres-Highton, tº 3A, ed. Hammurabi, pág. 282; entre otros). Recaudos a los que necesariamente debe adicionarse la existencia de un daño en la persona o bienes del denunciado (conf. art. 1067 y cctes. del Código Civil).

Absolución penal del denunciado

La absolución penal del imputado no habilita por sí sola la procedencia de la acción resarcitoria contra el denunciante, pues la ley sólo la admite cuando la denuncia ha sido calumniosa y obedeció a una conducta culpable. No se puede exigir a las víctimas de delitos que formulen la acusación munidos de pruebas incontestables, que no dejen dudas sobre la autoría, pues ello llevaría al extremo de imponerles la carga policial exhaustiva de los delitos para no errar respecto de las manifestación que formula ante la autoridad. Así, no toda denuncia de delitos es apta para generar responsabilidad civil en la eventualidad de que los nombrados fueran ajenos al hecho.

Reparación civil

El código civil establece una reparación específica en casos de acusación calumniosa. En tal caso, además de un indemnización pecuniaria podrá reclamar todo lo que se hubiese gastado en la defensa y todas las ganancias que dejó de percibir por motivo de la falsa acusación.

Acusación culposa

Sin perjuicio de esa vía específica de obtener una reparación civil, queda la aplicación del principio general según el cual todo aquel que por su culpa o negligencia ocasiona un daño a otro, está obligado a la reparación del perjuicio. En consecuencia, aunque la demanda no pueda tener sustento en aquella norma, la reparación podría ser procedente si se prueba, con fundamento en el art. 1109 del Código Civil, que el denunciante ha actuado culposamente. Y ello con sumo cuidado, pues resulta imprescindible preservar el interés social en la investigación y represión de los delitos penales; debe exigirse la existencia de una culpa grosera, sin que se pueda pedir al denunciante una culpa mayor que la que normalmente y según las circunstancias del caso corresponda a una situación semejante (conf. Parellada, Carlos, op. cit., pág. 695; Kemelmajer de Carlucci, Aída, en “Código Civil Comentado…” de Belluscio-Zannoni, tº 5, ed. Astrea, pág. 259 y sus citas; CNCiv. Sala L, marzo 13/2007, expte nº 40.748/2000, autos “Zalazar Evangelina Viviana c/Dominguez Benito Andrés s/Daños y perjuicios”).

Indemnización del jubilado que continúa trabajando

La Ley de Contrato de Trabajo, según su texto actual, establece que el trabajador que hubiese obetenido el beneficio de la jubilación y volviera a prestar servicios para el mismo empleador tendrá derecho a cobrar la indemnización laboral por antiguedad, cuando ocurran las circunstancias que así lo justifique. En este supuesto sólo se computará como antigüedad el tiempo de servicios posterior al cese.

Recientemente la Cámara Nacional del Trabajo, en los autos “COUTO DE CAPA, IRENE MARTA c/ AREVA S.A. s/ LEY 14.546” dictó el siguiente fallo plenario:  “Es aplicable lo dispuesto por el art. 253 último párrafo L.C.T. al caso de un trabajador que sigue prestando servicios sin interrupción a las órdenes del mismo empleador, luego del goce del beneficio de la jubilación”.

De acuerdo a este fallo, el trabajador que obtuvo el beneficio de la jubilación, y por ende formalmente finalizó la relación laboral por dicha causal, pero que sin embargo continuó ininterrumpidamente prestando servicios para el mismo empleador, en caso de ocurrir su posterior despido o muerte, tendrá derecho a cobrar su indemnización por antiguedad, tomando para el cómputo de la antiguedad la fecha en que obtuvo la jubilación.

Responsabilidad del dueño del Garage

Contrato de Garage

El contrato de garage es aquel que vincula al propietario de un vehículo con el dueño o explotador del garaje donde es dejado el rodado para su guarda mediante el pago de un precio.

Deber de seguridad

El contrato de garage lleva implícita la accesoria garantía del deber de seguridad sobre los vehículos y personas que se encontraren dentro del establecimiento. De modo tal que el explotador del garage debe tomar los recaudos necesarios para resguardar a los vehículos que circulen o se encuentren estacionados y a las personas que concurran y permanezcan en el lugar.De allí que, aún cuando el explotador del garage pudiera expresar lo contrario, su responsabilidad subsiste en caso de no haber tomado las medidas de seguridad que correspondiesen, según el caso.

Distintas situaciones relativas al deber de seguridad:

1) Agresión a una persona dentro del garage

Ha ocurrido el caso de una persona que fue agredida por un perro cuya presencia dentro del establecimiento o bien fue aceptada o al menos no fue impedida el explotador del garage -en el caso referido quien consintió la situación fue un empleado del estacionamientor-. Ante tal acontecimiento, la justicia le reconoció al lesionado sul derecho a ser resarcido civilmente el base a la obligación accesoria de seguridad emergente del contrato de estacionamiento.

La situación hubiera sido diferente, es decir no habría habido responsabilidad del propietario o explotador del estacionamiento, si este hubiera demostrado que el hecho se produjo por culpa del propio damnificado, de un tercero -por el que no debe responder-, o por caso fortuito, y, además, hubiera demostrando haber tomado las medidas de seguridad lógicas y normales para preservar la integridad físicas de las personas presentes en su establecimiento.

2) Robo o daño de los vehículos dentro del garage

Dada la naturaleza comercial del contrato de garage (depósito comercial) el garagista es responsable por los daños y/o robo de los los automóviles bajo su custodia, ya que su deber de restitución es sobre la identidad e integridad de la cosa entregada en tal concepto.

El robo a mano armada no puede ser asimilado, por sí solo, al caso fortuito, sino que es preciso analizar las medidas de vigilancia adoptadas por el garajista en previsión del posible hecho. Para poder acreditar el hecho fortuito, con el cual eximirse de responsabilidad, el dueño o explotador del estacionamiento debe probar haber adopatdo medidas de custodia y seguridad idóneas para prevenir el ilícito; por ejemplo vigilancia suficiente, cerramientos, etc..

Es dable comentar que se entiende por “Hecho Fortuito” aquél acontecimiento que, aunque previsto, no ha podido evitarse (art. 513, Cód Civil).  En el caso en cuestión, tal inevitabilidad queda referida a los medios empleados para impedir o resistir la agresión.  Por ende, en caso de no haberse previsto medios idóneos por parte del dueño de un garaje, el ingreso de extraños y el robo a mano armada de un vehículo quedan en el ámbito de hechos que por ser previsibles debieron evitarse y que generan responsabilidad derivada de la propia culpa del garajista (conforme el art. 2203 de Código Civil)

3) Objetos dentro del automóvil

Distinta suerte corren los objetos dejados dentro del rodado. Si bien la obligación que tiene el garajista de devolver el auto en iguales condiciones en las que le fue entregado, y esto alcanza también a los accesorios lógicos y naturales de cualquier rodado (goma de auxilio, cricket, etc.), ello no significa que deba responder por otros objetos que, sin integrar la dotación habitual de un vehículo, hubiesen sido dejados dentro del mismo tanto más si su presencia no ha sido denunciada por su dueño.

No obstante ello, sería diferente el caso si el propietario del rodado le informase al garagista sobre los objetos que se encuentran dentro del automóvil entregado en guarda, y este se comprometiera a cuidarlos. En tal caso si procedería la responsabilidad frente al robo de los mismos. Naturalmente que esta situación atipica deberá ser probada por el propietario o poseedor del rodado.